viernes, 6 de julio de 2012
Entiendo a los yonkis que tienen recaídas.
Debo confesarlo, produces en mi lo mismo que una bomba en el terreno. Tus latidos retumban en mi pecho como ondas expansivas, me aniquilas con un beso, me fulminas con una mirada...
Y cuando nuestros necesitados cuerpos por fin se rozan, nos convertimos en una bomba atómica. Su funcionamiento es fácil, provocamos una reacción nuclear en cadena descontrolada. Girando en ese bucle infinito de besos, mordiscos y sexo. Soy un arma de destrucción masiva.
Y cuando consigues levantarme a miles de pies del suelo, rozando con mis dedos las galaxias y el universo entero paso a ser la bomba más destructiva, soy delicada y feroz cual bomba de hidrógeno. Dos núcleos ligeros se fusionan en núcleos más pesados, y estos dos núcleos desprenden energía, tanta energía como para destruir nuestros propios miedos. Como para destruir nuestros mundos. Y en esa fusión crear uno propio.
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